Bienvenida a mis lectores

A mis lectores.

Para algunos escribir es una necesidad, para mí, escribir es caminar, hacer calles, conocer espacios blancos, bordear emblemas con las manos...

sábado 19 de enero de 2008

Prosa 1

Nada te hace responder en la realidad, todos los conciudadanos quieren escribirte la felicidad en el barro, pero el precipicio ha tomado tu rostro y tu boca; no le pertenece más a la belleza de un sí. No es una frustración el que observes girar la luz alrededor de tu mente; tu lengua gira en un túnel ardiente y tu saliva cae como un arrollo en el fondo de una garganta. Lo vez, lo estas sintiendo: La soledad no era indispensable para reunir los fenómenos de diferentes generaciones. Tu piel respira el respiro del fuego; corres el riesgo de seguir a la muerte, pero la eternidad guarda silencio, y tu corazón ha logrado amanecer en la música. Una bestia inverna en tu cuerpo, saca su cabeza para comer hierbas y arranca flores cubiertas de polvo para construir una historia al azahar. Las hierbas gritan el miedo a menudo cuando envejecen. La sed se ha perdido en las palabras: el precipicio se rompe…

martes 1 de enero de 2008

Cuando me cortaste el cuello

Cuando me cortaste el cuello, cortaste una rama con una piedra aserrada yo no detuve tus manos como húmedas palabras me tragaba la sabia. Y el estómago me amargaba por alguna razón, La vida me amargaba. La pena me golpeaba la cabeza. El dolor me golpeaba la cabeza. Sentía deshielo de mí por efectos de gases invernadero. A cada paso que di pronuncié tu nombre y mis dientes se convertían en guijarros, mi lengua en una línea confusa. Decías que mi vida iba a ser larga, más larga que el pasto, que no te amaría en el jardín de los muertos. El aroma se cerraba, amor, y nos dejaba fuera. Tú ignorabas la hierba y hablabas... Mi cabeza flotaba en un valle desierto Y no podía escucharte

martes 30 de octubre de 2007

A una calle sobre el vacío

A una calle sobre el vacío Se vierte en su pureza inmóvil la piel inédita de la tarde, un brillo que concibió sus huesos tiembla en el conflicto de la luz. Esa calle es mi imaginación, es la mentira ondulando el frío de mis teorías. Jamás podré encontrar mis manos deslizándose en su seno. Jamás su interior me enhebrará una memoria o me morderá un perro a causa justa. Su hoguera como sinuoso calor de cuerpos ha cerrado los rostros de la gente. No le pregunto a mi mente las gotas de sus imágenes; sólo quiero concretar la mirada que no reconstruí siglos atrás. La lluvia ha anunciado la creación de la madrugada. Los sueños que lamió casualmente el polvo me rodean de avenidas. Me cala la intimidad de mi nostalgia. Tal vez esta calle no sea mi fe en su lugar. Tal vez este sea el costo de mi olvido.

Señor

Señor, la sombra que no puedes apagar es mi dolor La vida, como ficción temprana, ha decidido ir a terrenos cóncavos. Quizá no estoy hecho como pensaste (de tierra, agua, aire y fuego) quizá no llevo el relente de otros cuerpos. Señor, La curvatura del aire se repite y desolla mi templo roído. ¿Cómo fingiré la infancia de mi confusión ardiendo en lámparas? El tiempo se ha llenado de fisuras, y mis esbozos se ciernen en el agua. ¿Qué vientre parirá al astral vacío de la noche? Las cosas que me vienen son frecuentes como la muerte. ¿Qué fragmento celestial habitará en la ruptura de mi pecho? Me quebranta un pueblo de palabras en la mente. ¿Por qué me quebranta, padre, la pólvora en el aire?

Si pudiera

Si pudiera filtrarte en la luz de vértigos amatistas ataría tu sexo a cada Irrealidad que dejé en mis ruinas cuando sentía el ejercicio del amor. Pero cada latido puede mentir- el alma puede brillar por una muerte- como los pájaros devorar de un solo pico los instantes. Déjate ver, entonces, en ese reino, y déjame vivir con mis renuncias. Es posible que se te llene de piedras el corazón. Es posible que se inunde tu garganta de deseos a punto de abrir, o cualquier cosa. Y que el silencio tome el margen de tu rostro como cada unidad de la distancia. Es muy difícil ser el fin cuando despierta (en tanta niebla) el amor, o cada cosa tonta que uno inventa.

A veces dejo mi rostro sobre un charco, piso mi imagen, y todo desaparece. Es por eso que hasta hoy el interior de las cosas me saben muy sobrias, la ineludible trampa se adhiere a mis palabras, y el barro a mis pensamientos. No tengo enemigos, dudo que alguien piense en romperme la cabeza, de lo contrario seria un gusto estrecharle la mano, fracturarle el dedo índice, no solamente eso sino tener en cuenta que alguien me presta atención, y que me quiere para algo (por lo menos para sepultarme) He nacido con sangre fría, no tendría porque tener miedo a una amenaza A mis tres años de nacido procure no llorar, pero fue inevitable, ese pequeño corazón que espere que no extendiera sus raíces en mi cuerpo, dormito en las inmediaciones del hielo. Luego, un día como hoy ayude a una hormiga a salir de la vida; disgregué de la ceniza el disfraz de la muerte; a menudo me causa gran sorpresa de cómo no pude tocar la vieja puerta de pino, de cómo pude estar en la larga vigilia del frío. Ausente de lógica, preocupado por los signos que de repente han sido mis padres, reprimiendo en mis ojos, zumos de limón entre otras cosas, pienso en la tierra que sostiene mis años Hoy me pesa el latido de Dios, en un bosque provisto de malvas, de pasmas sin madreselvas. Me pesa el sístole, el diástole, la orilla septentrional del calor, donde se hunden las rocas. A veces no es a veces, sin embargo, trato de no hacer un habito el reposo de rostro sobre el agua, o fuera de él. Es un delirio que no amanece.

domingo 28 de octubre de 2007

SUEÑOS

Mi sueño no me deja dormir, no proviene de mí, no lo sé, pero me da su espalda. Su nobleza postrada se adjunta a mi alrededor. Yo me levanto como un cíclope, yo rompo mis espacios, como la vida tengo dos décadas en la tierra, y un Dios en los ojos . Sé que la palabra concretará todo sonido del abismo con sus redes y no hay miedo. Se desprenderán de mí los guijarros los nombres que nunca huyeron. Lo que yo tengo no son sueños, son águilas volando piedras que se arrastran por no llegar al mar, es absurdo pensar en una mujer danzante, en un niño que mira la tarde y abraza a su padre. Yo no poseo los dones de mi madre, pero me anega la madrugada Tengo buena visión, y buen significado del mundo. Un manantial se levanta dentro de mí, la muerte no me pertenece ni la vida, el placer de estar extinto hace de mi sed una sequía, a oscuras lo único que sacrifico es una mirada que se oxida en mis estertores.